viernes, 18 de mayo de 2012

Ser feliz es estar un poco loco



¿Qué diferencia a un loco de una persona mentalmente sana?

Los que leéis mi blog asiduamente sabréis ya que odio las etiquetas, las normas sociales impuestas por unos pocos y que todos seguimos para no salirnos de lo “normal”.

¡¡Cómo odio esa palabra!! NORMAL... 

¿Quién decide qué es lo normal? ¿Por qué al ser humano le gusta tanto ser normal?

Y si al ser humano le gusta ser normal... ¿En qué me convierte no querer serlo?

Se dice que existen diferentes grados de locura. Que dista mucho el loco que no tiene un duro del excéntrico millonario, aunque hagan los mismos actos. ¿Puede un ser humano convertirse en loco a causa de la desesperación? ¿Acaso la locura es solo un síntoma de cuando no puedes más, de cuando ves que tus demonios interiores están pudiendo con tu voluntad? ¿Quién está más loco? ¿Aquel qué decide vivir cómo él quiere, sin importarle nadie más que los que quieren seguirle, o el que se deja atrapar por un trabajo que no le gusta, por una pareja a la que está acostumbrado, o por una vida que no es la que quiere vivir?
¿Acaso es una locura querer decidir cómo quieres vivir el resto de tu vida?

Supongo que a estas alturas los que me conocen personalmente se estarán preguntando... Pero chica... ¿Qué te pasa? ¿A qué vienen tantas divagaciones?

No es que me esté volviendo loca, aunque ya sabéis que algo de locura siempre ha habido en mi vida, pues me niego a seguir los caminos fáciles que han sido marcados por otros, para construir el mío propio, pero escribo esto, pues el otro día, llegó hasta mis manos un vídeo que mostraba a una pareja que había roto con todo para irse a vivir su vida, la que ellos querían vivir, como ellos la querían vivir, donde ellos la querían vivir, y aunque se les veía muy felices, vi un sub fondo de arrepentimiento, pues en una frase final, él decía:
- Soy feliz, pero pido perdón a todos aquellos que han sido dañados por nuestra felicidad-

¿?¿?

¿Pido perdón por ser feliz? ¡¡Qué frase más dura!! Al menos a mí me lo pareció.

¿Con lo difícil que es conseguir ser feliz y cuando lo logras, has de pedir perdón?
Yo creo que no. Pienso que si buscas un sueño, si luchas por conseguirlo y si al final lo consigues, aquellos que no han querido, no han podido, o no han sabido seguirte, es porque no caminan por tu misma vía, así que... ¿Por qué pedirles perdón?

Puede que algunos crean que me falta algo de humildad, mas yo creo que si la gente que te rodea no quiere acompañarte en tu camino a la felicidad, no es tu problema sino el de ellos. ¿No? Estoy hablando siempre desde el punto de vista de no ser feliz a costa de la felicidad de los demás, por supuesto. Quiero decir que creo que se puede llegar a vivir como uno quiere sin dañar a los que te rodean... o... ¿a lo mejor ese chico se refería a eso?... A lo mejor para que ellos pudieran ser felices, otros tuvieron que dejar de serlo...

¿No os parece complicada la vida? Pero... ¡¡¡Qué me gusta que sea así!!!

Slow Life, siempre.

P.D: Y ahora... ahora me voy de finde...  ¡¡Feliz fin de semana a tod@s!!

lunes, 7 de mayo de 2012

A por el premio Círculo de lectores de Novela


Ante todo deciros que la vida sigue, aunque la mayoría de veces es difícil seguir cuando te han arrancado una parte importante de tu ser. 

Los que nos quedamos aquí, hemos de seguir viviendo, por nosotros, y por los que ya se han ido a un lugar mejor, y por ello yo sigo con mi sueño de triunfar, de convertirme en escritora, y de poder vivir de lo que verdaderamente me apasiona, que es escribir. 
     
Así pues, quiero compartir con todos los que me apoyáis en mi Odisea hacia el triunfo dos cosas:

La primera, que ya tengo página oficial de Facebook y que espero que así como me seguís en este blog, lo hagáis en esa página que ya tiene, para mi propia sorpresa, más de 100 seguidores. Solo habéis de tener una cuenta en esa red social, clicar en el siguiente link y pulsar sobre “Me gusta” para manteneros alerta de todo mi trabajo. Página oficial Gloria Codina

La segunda, la más importante y la que anuncia el título de la entrada de hoy, me he presentado a un concurso que me da muy buen feeling, ya que si paso el filtro de los editores y del jurado profesional, y mi novela queda entre las tres finalistas, es el público, o sea vosotros quien decide si gano o no el premio.
    
El concurso se llama “Premio Círculo de lectores de novela”, si formáis parte de Círculo, podréis votar por una de las tres novelas finalistas, y si no, (Y AQUÍ VIENE LA NOVEDAD), a partir de Junio, podéis apuntaros como jurado. Solo tenéis que registraros en la Web de la que pongo el link más abajo, comprometeros a leer las tres novelas finalistas y votar por una de ellas. 

A quien le guste leer, es la posibilidad de acceder a tres novelas inéditas, entre las cuales espero que esté la mía, antes de su publicación, pero además, podréis optar a ganar uno de los cinco Ipads que sortean, que ya querría yo para mí.

Espero que aquellos que me siguen, (a los que les doy infinitas gracias), cliquéis en el “Me gusta” de mi página de Face, y si os animáis, a partir de Junio, os apuntéis como jurado en el concurso, pues me gustaría mucho que vierais mi faceta de escritora, ya que una cosa es tener un blog con pensamientos personales como este, y otra crear una novela desde cero. 

Aquí os dejo el link del concurso:   Jurado Premio Círculo de Lectores de Novela

Sé que aún no soy una gran escritora, que no le llego a la suela de los zapatos a tantas y tantas mujeres que ya han triunfado, pero también sé que tengo la constancia para conseguirlo, el talento para escribir buenas historias, y la empatía necesaria para llegar a los corazones y a la mente de aquellos que me leen, ahora en mi blog o en mis artículos profesionales, y más adelante en mis libros.

Os espero en la red y sobre todo, recordad, 

Slow Life!!

miércoles, 25 de abril de 2012

A mi padre



Podría hablaros de dolor o tristeza. Podría deciros que una sombra oscura y fría ocupa el lugar donde hasta entonces se encontraba mi corazón, pero os estaría mintiendo.
Abril puede que no haya comenzado con noticias alegres para mí, pues el día 15, mi padre, murió en el hospital de Igualada. Tenía 76 años y arrastraba una enfermad desde hacía 20 años.

La esclerosis múltiple se lo llevó, tranquilo, mientras un ángel de bata blanca calmaba su dolor.

Cuando comenzó a dormirse en la oficina, los médicos dijeron que tenía un tumor cerebral, tumor que desapareció como si de un milagro se tratara tras una visita de mis padres a Lourdes, de eso ya hace mucho. ¿Milagro? ¿Error médico? Llamadlo como os guste más, pero después del tumor, vino un infarto cerebral, que le dejó vegetal en una silla de ruedas. Silla de ruedas de la cual, un buen día, se levantó por sí solo y apareció aguantándose en ella en medio del comedor para sorpresa de todos los que nos hallábamos allí, mientras decía: "Sóc massa jove per estar en cadira de rodes"
Tras unos años bien, volvió a enfermar de algo totalmente desconocido, perdiendo poco a poco habilidades, que no añoras hasta que careces de ellas. Al fin, nos dijeron que tenía “Esclerosis múltiple”.
La doctora del hospital que despejó nuestras dudas, nos dijo que nos habíamos acostumbrado tanto a su enfermedad, que no nos habíamos dado cuenta que eso era el final. Que su cuerpo ya no quería vivir más y que el negarse a comer era su forma de decirlo. En verdad, no es que nos negáramos a ver su enfermedad, sino, que, como familia católica que nos consideramos, siempre quisimos tratarla como lo que era, una piedra más en este camino, y por ser mi padre un enfermo excelente, como hombre excelente que también fue, eso nos ayudó a seguir riendo con él, a no tratarle como un enfermo, aunque sin darnos cuenta, eso hizo que nos olvidáramos de que tenía una enfermedad degenerativa que poco a poco le estaba consumiendo.

Siempre hemos creído que él no se dio cuenta de nada, aunque a veces preguntaba que hacia sentado en una silla de ruedas. Era curioso, que cuando le decíamos que ya no podía caminar, el se reía y lo aceptaba.

Durante los últimos años mi padre solo era mi padre a ratos.

¡Pero qué ratos!

Aquel caballero que siempre olía a "Heno de Pravia", al que abrazaba cuando llegaba a casa de trabajar, como todos mis hermanos, quienes dejábamos cualquier cosa que estuviéramos haciendo para, corriendo por aquel largo pasillo de Villarroel, ir a saludarle, mientras nos lanzábamos a sus brazos, siempre abiertos para nosotros. Aquel que se reunía una vez a la semana para “hablar con nosotros” de padre a hijo. Aquel que silbaba a mi madre hacia las seis de la mañana, para desayunar juntos antes de marchar a trabajar. Aquel que me enseñó a amar la música clásica, durante los conciertos de año nuevo, mostrándome y nombrándome los distintos instrumentos cuando poco a poco se iban incorporando a la sonata...
Iba a decir que aquel hombre se ha ido, pero volvería a mentiros. Mi padre siempre estará aquí, conmigo, con mis hermanos y sobre todo con mi madre.

Cuando pienso en la vida conjunta que han tenido durante cincuenta años de sus vidas, veo que su amor siempre fue algo especial. Mucha gente llega a esta edad y se soporta. Se han acostumbrado tanto el uno al otro, que solo se soportan.
Mis padres se amaban, y sé que cuando mi madre miraba a mi padre, ella no veía al enfermo, sino a aquel joven que la enamoró una vez en el castillo de Corbera, mientras bajaba las escaleras con una mesa sobre su cabeza.
Quiero amar así y sé que lo conseguiré, pues él, mi padre, me enseñó a hacerlo. Como también me enseñó que el camino de la vida se ha de caminar con tranquilidad, paciencia, tesón, constancia, mientras aceptas aquello que sucede y que no puedes cambiar.

Yo a eso le llamo Slow Life, aunque mi padre no supiera ni el significado de esa palabra.

En los últimos días no he parado de repetir que mi padre hizo las cosas bien, tan bien, que esperó a irse a las seis de la mañana, pues hacía unas horas que yo le había pedido que de irse, no se fuera en plena noche, pues sigue dándome miedo la oscuridad. Le velé toda la noche, mecida por un semi sueño que era roto por las continuas entradas de aquel ángel que hizo que su marcha fuera tranquila y en paz, y por la mañana, avisó en silencio a mi madre que ya había llegado su hora y se fue arropado por los cientos de besos que ella le dio.

Si, se llevó todo nuestro amor, pero nos dejó el suyo, junto a sus enseñanzas.

Es curioso que debido a su enfermedad, solo me queden recuerdos de él de hace muchos, muchos años, aunque incluso esto quiso hacerlo bien, pues quiso dejarme un bello recuerdo, después de tantos años de no hacerlo, pues sus últimas palabras hacia mí, en una consciencia que nos impresionó a todos, fueron:

¡Que guapa que ets!

Jamás me había dicho mi padre algo tan bello y así voy a recordarlo.

T'estimo papa, i ho faré per sempre.

lunes, 12 de marzo de 2012

Política española y el 11 de marzo


Me considero una persona apartidista y completamente apolítica, aunque algún descerebrado pueda pensar lo contrario, pues cada día creo más en las palabras que mi abuelita jamás se cansaba de decir: La política lo corrompe todo.

¿Sabéis ese dicho que dice “esta es la última gota que colma el vaso”?

Pues, para mí, el lamentable y vergonzoso papel que hicieron, siguen haciendo y que seguirán haciendo los dos partidos políticos principales españoles con la tragedia del 11M, es esa gota que ha colmado mi vaso.

Señores políticos del PP y del PSOE. No sé cómo pueden irse a la cama cada noche y dormir tranquilos. Deben tener el corazón helado para usar el dolor de las víctimas del terrorismo para sus fines políticos, y de veras que a mí se me caería la cara de vergüenza de mirarme en el espejo, y saber que estoy usando ese dolor para rascar unos votos para seguir o conseguir el poder.

¿Cómo pueden politizar el dolor? Más aún. ¿Cómo dos personas que han perdido a sendos hijos en ese atentado se dejan manipular por la política?¿Es que ya nada importa en este país?

El otro día asistí a un seminario, del cual hablaré más adelante, cuando la mala leche de hablar de política se me haya pasado, en el que el profesor, dijo una gran verdad:

- No hay peor villano que el que cree no estar haciendo nada malo –

La próxima frase es de cosecha propia:

- No hay peor idiota que el que cree a ese villano con los ojos cerrados –

Yo estuve el 11 de marzo del 2004 en Madrid. Me encontraba en un congreso y me levanté aquella mañana con la terrible noticia, y sé que lo primero que me sorprendió es que alguien dijo: ¿Cómo llegaremos al recinto ferial? ¿Creéis que habrá taxis?

Al principio no le di importancia, pero durante nuestro viaje hacia la feria, pensé en aquella frase y creí en ese momento que cada uno lleva el dolor a su manera. Recuerdo que mi primer pensamiento fue para uno de mis delegados que venía en tren desde Pamplona. Le llamé, y su teléfono comunicaba, y sé que me quedé tranquila, porque al menos daba señal. Cuando el taxista nos preguntó si éramos familiares de las víctimas, pues si así era no iba a cobrarnos la carrera, pensé que la noticia con la que me había despertado, era más grave que lo que la gente nos había dicho. Es curioso, pero estando en esa ciudad, nosotros éramos los más desinformados de lo ocurrido.

Durante aquel día, la feria estuvo vacía y recuerdo que al tener que atravesar la misma para ir a buscar a ese delegado a la puerta principal, pude vivir el dolor, la tristeza y algo que describiré más adelante, pues aún me cuesta hablar de ello, no en primera persona pero si desde una fina barrera, haciendo mío ese dolor por la cercanía de los familiares que empezaban a llegar a la feria donde los cadáveres recuperados estaban siendo llevados.

Tengo mis recuerdos algo borrados pues tengo el don de olvidar las cosas malas que me ocurren, pero sí recuerdo, que había una pasarela en el piso superior donde los familiares eran atendidos por un numeroso grupo de psicólogos. No estuve mucho tiempo viendo aquello, pues sé que aceleré el paso para no verlo, pero llegaron hasta mí, lloros desgarradores, gritos ahogados e incluso creo que alguna que otra persona desmayada.

Si algo puedo recordar de aquellos días, es mi paso por delante del pabellón donde yacían los cadáveres, y sé que esto que ahora voy a escribir, puede herir la sensibilidad de muchos de los que lean este blog, pero en verdad es la primera vez que escribo sobre ello, y sé que si puedo terminar esa frase sin irme por los cerros de Úbeda, habré de alguna forma, superado lo que aquel día sentí.
No sé si esto ocurrió esa misma tarde o al día siguiente, pero recuerdo que había mucha luz en el momento que atravesé el pasadizo principal de la feria. Me encontraba lejos del pabellón en cuestión, no podría decir a qué distancia, pero a la suficiente como para ver que la gente que custodiaba la puerta llevaba sendas máscaras.
De pronto un hedor. Una penetrante pestilencia a podrido llegó hasta mí, haciendo que una arcada apareciera en mi estómago, aunque por suerte, como jamás vomito, no tuve que hacerlo. Sé que me tapé la nariz con la manga de mi chaqueta, pero a pesar de ello, aquel olor se quedó impregnado en mis fosas nasales y lamentablemente, jamás podré olvidarlo. 

Instintivamente miré hacia aquel lugar sabiendo que aquel tufo era el olor a muerte.

Jamás había yo sentido aquella profunda tristeza que se apoderó de mí en aquel momento. Nadie había yo perdido. No tenía que llorar por ninguna vida humana que yo conociera, pero lo que en aquel momento sentí se me quedó agarrado al corazón hasta hoy, que creo, que he conseguido, a través de estas palabras, liberar esa profunda tristeza que aún llevaba dentro.

Ahora señores políticos, sigan usando el 11M como arma arrojadiza. Sigan influenciando a unas y a otras, sigan usándolas para sus malditos fines que no son otra cosa que seguir siendo los que van a llevar a este país a la ruina, ya no económicamente, que también, sino moralmente.

Nunca he sido pro-americana, aunque sé que como todas las sociedades algo bueno deben tener. Y me es imposible no comparar como se enfrentó ese país al 11S y cómo se ha enfrentado el mío al 11M. Siento vergüenza y un profundo dolor al darme cuenta de que los corazones de los políticos están completamente vacíos.

¿Quién es peor persona? ¿El villano que cree firmemente que no está haciendo nada malo, o el idiota que le sigue?

Slow life.

martes, 28 de febrero de 2012

La reforma laboral española, la nueva esclavitud del siglo XXI


Siempre me ha gustado la pintura de Rubens. En relación al Saturno que podéis ver en esta entrada, pintado en 1636, representa al dios en plena vorágine comiéndose a uno de sus hijos, creo que cuando leáis el blog de hoy, comprenderéis porqué decidí que fuera esta y no otra la imagen que lo representara.

Siendo una persona con educación católica, una de las cosas que más quebraderos de cabeza me ha traído, es entender el libre albedrío. Cuando era pequeña, me decían que yo podía hacer cualquier cosa, incluso las malas, pero que recordara que alguien en el cielo veía todo lo que yo hacía, y que existía un angelito de la guarda que escribía en una libretita todas mis malas acciones. Cuando crecí, el angelito desapareció pero, yo no sé, si influenciada por la educación, o porque realmente tenía y tengo un buen fondo, seguí haciendo las cosas bien.

He trabajado mucho en mi vida. En verdad, he trabajado, aunque esporádicamente, desde los dieciséis, aunque jamás lo he necesitado, porque por suerte, tuve unos padres que podían permitirse que su hija estudiase, en vez de tener que trabajar para ayudar en casa.
A pesar de haber trabajado mucho, como jamás lo he necesitado, nunca me preocupé de mis derechos laborales, ni de que el sueldo fuera digno, incluso, ni siquiera me importó trabajar en lugares que distaban mucho de los estudios que había realizado, siempre y cuando, a final de mes, tuviera el dinero, que por aquel entonces, yo creía más que justo por el buen trabajo que hacía.
Pero la vida de cuento de hadas terminó. El trabajo se hizo importante. No por sentirme realizada, si no, porque cuando decides salir del nido familiar para formar tu propio nido, es indispensable poder aportar tu parte para sentirte útil y libre de alguna manera.

He conocido mucha gente buena en mi vida, y por supuesto, aunque al principio, me costó y mucho, reconocerlo, si miro atrás, he conocido mucha gente mala en mi vida. Podéis llamarme ilusa, podéis decir que vivo en Utopía, o que soy demasiado soñadora, pero durante muchos, pero muchos años, siempre creí que la gente que me rodeaba, era buena por naturaleza.
Pero hace mucho ya que descubrí que esto no era así, y para mi vergüenza, descubrí que el libre albedrío que Dios nos daba para que demostráramos lo buenos que podíamos ser sin estar supeditados a unas leyes divinas, hacía que muchos se pasaran por el forro, la bondad, la lealtad e incluso la legalidad, siempre y cuando esto hiciera que los beneficios de su empresa aumentaran más, más y más.

Cuando el trabajo se convirtió en una parte importante de mi vida, descubrí las leyes que protegían al trabajador. Pero con los años, recordé una frase que en alguna de las múltiples reuniones que mis padres hacían en su piso, con sus amigos, había oído de alguno de los abogados que a ellas asistían, que era: “Hecha la ley, hecha la trampa” y “Cuanto más dinero tengas, mejor justicia obtendrás”.

Desde que el PP ganó el año pasado las elecciones, que los aplausos y vítores de la patronal se venían oyendo.
Por ello, cuando he visto la reforma laboral “maravillosa” que ha decretado el gobierno y su presidente en representación, lo primero que he pensado ha sido que ya era hora que el lobo mostrara sus orejas, y lo segundo, que he de pensar algo para volver a ser empresaria, aunque la ultima vez, hacienda, los impuestos, y por supuesto mi propia inexperiencia, acabaron con ese sueño. Sueño en el que trabajé mucho y muy duro, en el que puse todos mis conocimientos de mis estudios en práctica, sonriendo a gente que me importaba un carajo, tan solo por el mero hecho de que el cliente siempre tiene razón, o porque ese déspota malcarado que tenía delante podía ser un importante proveedor con el que tenía que llevarme bien.
Tragué mucha bilis, y por ello comprendo el lugar de los empresarios. Entiendo que a veces estos se sientan con las manos atadas cuando un trabajador les ha engañado y no pueden despedirle sin darle una suculosa indemnización. Comprendo que cuando hay crisis, el gobierno ha de darles una ayuda para poder costear la bajada de ingresos, y comprendo que existe mucho “trabajador caradura” que se beneficia de esos derechos laborales sin habérselo ganado. Pero, lo que no comprendo es la total libertad que les han dado con esta reforma laboral, pues les han ofrecido el libre albedrío sin control alguno para poder despedir de la manera que ellos deseen a unos trabajadores que, (puede), que hayan dado mucho por la empresa.
El gobierno se escuda que ellos solo les han dado las armas, pero que el uso de las mismas, son ellos quienes habrán de decidir usar o no. Yo digo que van a pagar muchos justos por pecadores.

Entre otras cosas, desaparece la clasificación por categorías. Lo que a mi juicio, entiendo que significa, que si es deseo del empresario, un director comercial puede cobrar lo mismo que una tele operadora. También desaparece el optar a un puesto de trabajo superior para poder acceder a más sueldo, puesto que ahora, pueden decidir que pases de responsable comercial a director comercial con más trabajo, más horas, más responsabilidad, pero con la misma nómina.

Supongo que como todo en esta vida, existen buenos empresarios que tendrán juicio al usar ese libre albedrío, pero, así como existe el bien, existe el mal, y estoy segura que muchos serán los que usen esa reforma laboral para quitar de en medio a gente que, por su antigüedad, y por sus altos sueldos, (que bien se los han ganado por todo lo que han tenido que tragar), molestan a la empresa, pues es mejor sustituir a esas vacas sagradas, por jóvenes terneros que cobran la mitad, y que están tan acojonados, que por tener trabajo, se agarrarían a un clavo ardiente.

Es la regresión. El poder del miedo, y que me perdonen algunos, pero usar el miedo como arma de gobierno, me recuerda a una de las etapas más negras de España, una que muchos han olvidado, una que muchos desconocen, y que disfrazándola de democracia, nos la han entrado hasta la cocina, viendo ahora lo que realmente es: Una completa dictadura de derechas.

Solo me pregunto hasta cuando aguantara el pueblo. ¿Cuánto pueden forzar la máquina hasta que esta reviente?

Y sobre todo me pregunto, ¿cuántos de esos votantes del PP se van a encontrar muy pronto en la calle con una ridícula indemnización? Jamás en mi vida le he deseado mal a nadie y no voy a empezar ahora, pero es una pregunta que no puedo quitarme de la cabeza.

Slow Life.

sábado, 11 de febrero de 2012

¡España! ¿Dónde está tu justicia?


Hace tiempo que no escribo en el blog, porque me había prometido a mí misma no hablar mal del actual gobierno que reina en nuestra querida España, al menos hasta darle una oportunidad, que puedo asegurar no han aprovechado. 

Así que por mi parte; Abierta queda la veda.

Porque cuando despiertas con las injusticias de condenas absolutorias a unos ladrones que han llevado a la bancarrota a toda una comunidad, cuando ves sus risas y su satisfacción, cuando te das cuenta que en este país no existe la justicia; no te queda otra que escribir sobre ello, al menos hasta que alguien diga que se acabó la libertad de expresión, que aunque no quisiera ser agorera, creo que todo llegará.
Cuando te levantas y ves como condenan a un hombre que lucha por hacer justicia, jodiéndole la carrera e inhabilitándole por once años, (a pesar de que no estoy de acuerdo con lo que hizo, pues creo que el derecho a la intimidad de un prisionero con su abogado es sagrado). Cuando todos podemos suponer el porqué se le ha condenado, que no es sino porque en su camino ha sacado de la política a dos decenas de dirigentes del PP. Cuando todos podemos sospechar que a muchos altos dirigentes, no les gustó ni pizca que desenterrara el cajón de mierda de los asesinatos realizados por el régimen franquista, pues al parecer aún hay mucho cabrón suelto, y mucho mal nacido por este país que se cree que va a salir indemne de todo lo que en esa época ocurrió; no te queda más remedio que escribir sobre ello. 

Y escribes, y hablas, y comentas con tus amigos, y discutes desaforadamente porque no hay dos personas, (por suerte), que piensen igual.

Los de derechas, (que sí, que también tengo amigos que limitan es ese grupo), dicen que la memoria histórica es una estupidez, que la gente ha de olvidar y perdonar. Pero yo les digo, que cuando no sabes donde está enterrado tu padre, fusilado por pensar de manera diferente, nadie puede exigirte que perdones. ¿Quiénes son ellos para pedir eso? ¿Acaso han pasado por ello? ¿Acaso son capaces de ponerse en la piel del que busca a un familiar? 

Aunque parezca que no venga al caso, el otro día hablaba con un amigo sobre la guerra entre serbios y albanos. Si bien es muy parecido a lo que ocurrió aquí en España no hace tanto, y que yo como catalana debería apoyar a los albanos kosovares, que son los que quieren deshacerse del yugo serbio para ser independientes, no estoy muy segura de poder apoyar esa causa al 100%. No porque no crea que cualquier nación, que así lo decida, pueda pedir la independencia, si no, porque sigo pensando que una guerra es cosa de dos partes, y que no es la vía para conseguir ser independientes. No hay buenos o malos, no hay vencedores o vencidos. En una guerra, solo pierde el pueblo, la gente que vive el día a día, la gente que ha de convivir con vecinos que piensan de forma diferente a ellos.
Europa sentenció, ya hace mucho, que los serbios eran los peores. Que sus crímenes contra la humanidad fueron actos terroríficos y deleznables. Yo, que he estudiado y mucho sobre esa guerra, pues en mi primera novela, aunque solo paso rozando el tema, mi protagonista nace en esa tierra, durante ese conflicto, sé, que aunque lo que hicieron algunos serbios fue horrible, lo que hicieron algunos albaneses, algunos croatas y algunos bosnios, no fue mejor.
Supongo que nadie debe ser tan mezquino de pensar que no murieron también serbios en esa guerra. Aunque, ¿qué más da a que nación pertenecieran? Muchas vidas humanas se perdieron en esa batalla. Muchas vidas humanas se pierden en cualquier guerra, tan solo por la mezquindad y la locura de unos hombres que deciden cambiar el mundo a peor con obligaciones, prohibiciones, y leyes que recortan los derechos humanos de libertad, religión, lengua y costumbres.

Parecido fue lo que en España vivimos no hace tanto. Lo que nos diferencia, es que a nosotros no nos salvó la tan querida Europa, nadie ayudó a las minorías españolas a quienes recortaron el derecho de su lengua y sus costumbres, y nosotros, o mejor dicho, nuestros padres y abuelos, claudicaron y aguantaron más de 40 años el régimen de Francisco Franco.
Y al final todo pasó y llegó la libertad. Algunos perdonaron, otros no olvidaron, otros se creyeron libres de culpa y pecado, pensando que habían hecho algo bueno por su país, hasta que llegó la memoria histórica, y la gente, sabiendo que la ley les acompañaba, sabiendo que como hijos de las víctimas del franquismo tenían derecho a saber que había pasado con sus familiares, de los que no sabían ni siquiera donde estaban enterrados, pidieron justicia.
Y hubo un hombre que quiso dársela. Hubo un hombre, un HOMBRE con mayúsculas que quiso darles la paz que tanto ansiaban aquellas víctimas. Pero a él, a él lo inhabilitaron. Si, sé que este señor se pasó por el forro el derecho de la intimidad de los prisioneros al hablar con sus abogados, (cosa que aún no entiendo porque hizo), porque en justicia no todo vale, y sé que se merecía un castigo.
¿Once años? Por Dios, ¿es que nos hemos vuelto todos locos? ¿Once años, cuando dejan libres y sin cargos a los ladrones y estafadores que han arruinado a toda una comunidad haciendo que quede en bancarrota?

No entiendo este país. Intento entenderlo, y aunque creo que estoy dotada de una inteligencia y de una mente abierta a muchas cosas a los que otros se cierran, no entiendo este tipo de justicia. ¿Por qué esa brutal sentencia? ¿Por qué juzgar a un juez por hacer su trabajo? Puede que, a lo mejor, después de la memoria histórica tuviera pensado en ir más allá. Si no es por eso, no entiendo esa desmesurada sentencia.

En la conversación con ese amigo, él me dijo una cosa que me hizo pensar. Me dijo que la guerra entre serbios y albanos jamás terminaría, pues al decidir Europa que los serbios eran los malos, no permitieron que el curso de la guerra siguiera y no dejaron que, como aquí en España, hubiera un ganador y un perdedor. Aquí todos lo tuvieron claro, más que nada porque si no lo creías así, o te ibas del país, o morías fusilado. Allí, aun hay gente que se cree que merecía ganar la guerra, y otros, que saben, porque Europa se lo ha dicho, que ellos son los ganadores, pues fueron, son y serán eternas víctimas.
El ser humano está necesitado de justicia y tiene su proceso para poder llegar a perdonar y olvidar, cosa que no puede ocurrir hasta que los muertos descansen en paz, hasta que los hijos y nietos de esas víctimas encuentren lo que buscan. Ahora, ¿quién les dará lo que tanto necesitan? ¿Es que acaso habrá otro juez que quiera jugarse su puesto por impartir la justicia necesaria?

Y a los que piensan que soy injusta con estas palabras, a los que creen que no me entero de la misa la mitad, a los que discurren que junto churras con merinas, solo les diré que esto es lo que yo pienso, y que por suerte, aunque no sé hasta cuando, aún tengo derecho a la libertad de expresión.

Estamos gobernados por un séquito de payasos y bufones. ¿Es que acaso no existe en este país un político justo y bueno? ¿Es que acaso están buscando volver al pasado y que el pueblo se levante harto de los recortes de sus derechos más esenciales? Un trabajo digno sin estar subyugado bajo unas leyes que defienden más al empresario que al trabajador. Una vivienda de precio justo. Unas hipotecas que no permitan que los bancos sean cada vez más ricos y el pueblo cada vez más pobre. Una salud pública y de calidad. Una justicia que ponga a los verdaderos criminales, aquellos que se aprovechan de su cargo para llenar sus arcas privadas, en su lugar, que no es otro que la celda de una prisión.

Rezo cada día para que el pueblo siga aguantando, pues no sé si estoy preparada para una guerra, y en verdad, no creo que España esté preparada para un nuevo conflicto. Pero lamentablemente, sigo pensando lo que la mayoría de europeos piensa de nosotros, que somos un país de toros y pandereta. Un país sin justicia. Un país donde te dejan libre porque no hay pruebas suficientes de cohecho y desfalco, y que en cambio te condenan a once años de inhabilitación para que dejes de molestar.

Qué triste es hacerse mayor y darse cuenta de que todo lo que te contaron no existe, pues en el mundo de los mayores, no hay justicia.

¡Slow Life!
Al menos hasta que nos dejen.